Josefina Aldecoa, 'Espejismos', incluido en su antología de relatos "Fiebre".
Josefina Aldecoa, 'Espejismos', incluido en su antología de relatos "Fiebre".
LA ENAMORADA
esta lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra alejandra no lo niegues
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Estos huesos brillando en la noche,
estas palabras como piedras preciosas
en la garganta viva de un pájaro petrificado
este verde muy amado,
este lila caliente,
este corazón sólo misterioso.
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Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi vida, déjate enlazar de fuego, de silencio ingenuo, de piedras verdes en la casa de la noche, déjate caer y doler, mi vida.
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COMUNICACIONES
El viento me había comido
parte de la cara y las manos.
Me llamaban ángel harapiento.
Yo esperaba.
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RECONOCIMIENTO
Tú haces el silencio de las lilas que aletean
en mi tragedia del viento en el corazón.
Tú hiciste de mi vida un cuento para niños
en donde naufragios y muertes
son pretextos de ceremonias adorables.
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SILENCIOS
La muerte siempre al aldo.
Escucho su decir.
Sólo me oigo.
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OJOS PRIMITIVOS
En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.
Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.
Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.
Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.
Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.
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Alejandra Pizarnik, 1936-1972
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MIS OTRAS YOES
Se fueron todas. Descansa.
Estamos solas las dos.
Has sido fuerte. Venciste
a la loca que fui yo.
A la niña, a la muchacha,
a la joven; a la vieja
que seré, si no me voy
o si es que tú no me dejas.
Todas trajeron su carga,
mientras la tuya aguantabas.
Y todas me abandonaron,
mientras yo te acompañaba.
No vi nunca que supieras,
de verdad, como se saben
las horas densas del mndo,
cómo fuimmos todas, madre.
Estabas tú en tus estares,
exigiéndonoslo todo.
Y yo dejé que pasaran
los años, uno tras otro...
Tengo los cabellos grises
y el latir reconcentrado.
Nos has vencido. Persistes
a la sombra de mi árbol.
¿De qué bosque cortarían
la madera de tu cuerpo?
¿Por qué no fuiste tú allí
para arrancarle mi aliento?
Débiles y vulnerables
fuimos todas las que he sido:
confieso que estoy cansada
de todo lo que he sufrido.
!Y lo trágico es saber
que de todas las que fui,
a ninguna consumé,
ni a ninguna vi morir!
Carmen Conde, "Los Monólogos de la Hija", 1959