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La Coctelera

Espejismos

"Marcela la escuchaba embargada por una inmensa congoja. No podía decirle que al final de todas las decisiones se agazapaba algún error. No quería confesarle que ella también se había equivocado y no soportaba la paz de la isla, la soledad de la isla, el perfecto vacío de la isla. Que ella añoraba la ciudad, la prisa y la lucha y el cansancio y la rebeldía y la protesta y los fugaces contactos que a veces desgarran la niebla que nos rodea.

Tenía que esperar otro momento, otro viaje, otro encuentro, para confesar a Blanca que ella había aceptado los sueños de Víctor. Y se había equivocado. Tenía que esperar porque era suficiente un naufragio en un día. Tenía que esperar un poco más para escapar, ella también, de su espejismo".

Josefina Aldecoa, 'Espejismos', incluido en su antología de relatos "Fiebre".

El loco Walser haciendo balance...

Pizarniks

LA ENAMORADA

esta lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra alejandra no lo niegues

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Estos huesos brillando en la noche,
estas palabras como piedras preciosas
en la garganta viva de un pájaro petrificado
este verde muy amado,
este lila caliente,
este corazón sólo misterioso.

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Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi vida, déjate enlazar de fuego, de silencio ingenuo, de piedras verdes en la casa de la noche, déjate caer y doler, mi vida.

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COMUNICACIONES

El viento me había comido
parte de la cara y las manos.
Me llamaban ángel harapiento.
Yo esperaba.

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RECONOCIMIENTO

Tú haces el silencio de las lilas que aletean
en mi tragedia del viento en el corazón.
Tú hiciste de mi vida un cuento para niños
en donde naufragios y muertes
son pretextos de ceremonias adorables.

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SILENCIOS

La muerte siempre al aldo.
Escucho su decir.
Sólo me oigo.

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OJOS PRIMITIVOS

En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

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Alejandra Pizarnik, 1936-1972

Versos de las desdobladas.

Este es un antiguo post de un blog que se quedó en aborto, así que intentaré recuperarlo lo mejor que pueda.
En su momento, navegando por el océano de blogs, me topé con este post, este poema de Gioconda Belli. Inmediatamente me puse a escribir recordando otro que todavía tenía reciente -y subrayado- en una antología de Carmen Conde.
Este sitio al fin y al cabo es para eso, para soltar lo que me venga en gana y cuando me venga en gana, sin pensar demasiado, o mejor dicho, no pensándolo nada en absoluto. Para "pensar" ya está TannHäuser, que es tantas veces y al tiempo caída al abismo como tabla de salvación...
En cuanto a los poemas, los de Belli y Conde, bueno, hablan distinto pero hablan de lo mismo desde divergentes espejos -o reflejos pero espejos a fin de cuentas-. Desde Stevenson y su mad doctor desdoblado hasta nuestros días, y los que vendrán -días y voces-, no podemos ni debemos cesar en una constante y particular espeleología de nuestros posibles, nos disgusten o no. O eso me gusta pensar...

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MIS OTRAS YOES

Se fueron todas. Descansa.
Estamos solas las dos.
Has sido fuerte. Venciste
a la loca que fui yo.

A la niña, a la muchacha,
a la joven; a la vieja
que seré, si no me voy
o si es que tú no me dejas.

Todas trajeron su carga,
mientras la tuya aguantabas.
Y todas me abandonaron,
mientras yo te acompañaba.

No vi nunca que supieras,
de verdad, como se saben
las horas densas del mndo,
cómo fuimmos todas, madre.

Estabas tú en tus estares,
exigiéndonoslo todo.
Y yo dejé que pasaran
los años, uno tras otro...

Tengo los cabellos grises
y el latir reconcentrado.
Nos has vencido. Persistes
a la sombra de mi árbol.

¿De qué bosque cortarían
la madera de tu cuerpo?
¿Por qué no fuiste tú allí
para arrancarle mi aliento?

Débiles y vulnerables
fuimos todas las que he sido:
confieso que estoy cansada
de todo lo que he sufrido.

!Y lo trágico es saber
que de todas las que fui,
a ninguna consumé,
ni a ninguna vi morir!

Carmen Conde, "Los Monólogos de la Hija", 1959

The Dripper